Lo que nos duele como padres la muerte de Gabriel

Hace días que los españoles tenemos el corazón en un puño con la desaparición de Gabriel Cruz, el “pescaíto” de Níjar. Ayer nos enterábamos de la peor de las noticias, un final que rogábamos que no llegara: su cuerpo fue hallado sin vida. Tenía tan solo ocho años (como mi hija menor), era un niño “bonito” (como decía su madre), era inocente, sonriente, alegre, cariñoso y amante del mar. Imposible no quererlo.

También era imposible no imaginarse por un momento en la piel de esos padres. Que un hijo se pierda o desaparezca es la peor de las pesadillas para quienes somos padres, y aunque es imposible sentir lo que sentían, todos de alguna manera estuvimos junto a Patricia y Ángel. Unos padres separados, pero siempre unidos, devastados, tristes, agotados, pero que no perdían la esperanza de encontrar a su pescadito. Hasta que ayer toda esperanza fue arrebatada. Un triste desenlace que nos duele especialmente a quienes somos padres.

Una ola solidaria

Desde un primer momento, desde que el niño desapareció cuando se dirigía de la casa de su abuela a la de sus primos, todo el mundo se volcó con esa familia, con esos padres. Cuerpos de seguridad, vecinos, conocidos y desconocidos que querían ayudar en todo lo que fuera posible para encontrarlo. Un mar de gente que se movilizó por Gabriel. La solidaridad de la gente es conmovedora cuando sucede algo así.

Todo un país está conmovido, pero a quienes somos padres nos toca de una manera especial. Pensamos que son cosas que les pasan a otros, hasta que casos como este nos hacen ver que a cualquiera nos puede pasar. Cualquiera de nosotros podríamos ser esos padres desesperados que se convierten en foco de los medios sin quererlo por el peor de los motivos.

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Como padres nos duele…

  • Como padres, nos duele especialmente que un niño como Gabriel, sin culpa alguna, un niño como cualquiera de nuestros hijos, haya sentido miedo.

  • Nos duele especialmente que a un niño con toda la vida por delante, se le hayan truncado sus sueños.

  • Nos duele especialmente que haya sufrido, que alguien haya pensado siquiera en hacerle daño, que haya planeado algo tan cruel. ¿Por qué?

  • Nos duele especialmente que quien se supone que tenía que cuidarlo y protegerlo, (presuntamente) le haya quitado la vida.

  • Nos duele especialmente esta tragedia porque nuestros hijos son nuestro mayor tesoro. Los vemos tan indefensos y necesitados de protección que cómo alguien no los protegería. No lo entendemos.

  • Nos duele especialmente porque algo se nos rompió por dentro a quienes somos padres cuando nos enteramos que Gabriel no volvería a sonreír.

  • Nos duele especialmente porque tenemos la suerte de poder abrazar, besar a nuestros hijos y decirles lo mucho que los queremos. Algo que Patricia y Ángel, lamentablemente, ya no podrán volver a hacer.

Ya nada será igual

La vida de esa familia ha dado un vuelco. Hay un antes y un después de ese martes fatídico en el que Gabriel desapareció. Y por supuesto, después del mazazo de ayer al conocer la noticia más terrible que pueden recibir unos padres. Ya nada será igual.

La madre ha dicho en una entrevista algo que me emocionó: que tiene “que aprender a andar de nuevo. No sé cómo lo voy a hacer, pero tengo el calor y el cariño de mucha gente. Intentaré dar la vuelta a esto”.

Tal vez, algún día su pescadito “al que le han salido alas” (lo he visto en un letrero y me ha gustado tanto) les de fuerzas para transformar todo ese dolor en algo positivo.

Mientras tanto, todos lloramos por Gabriel. Todos somos Gabriel.

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