Por primera vez nace un bebé tras el trasplante de útero de una mujer fallecida

Sucedió en Brasil donde una mujer de 32 años dio a luz a una niña tras recibir un trasplante de útero proveniente de una mujer que había fallecido por un derrame cerebral. La madre nació sin útero debido a una enfermedad congénita que afecta a una de cada 4.500 mujeres, aunque sí tenía ovarios y producía óvulos.

Aunque ya se ha intentado al menos en una decena de ocasiones, es la primera vez que se logra el nacimiento de un bebé vivo tras el trasplante, un hito médico que abre la puerta a una nueva oportunidad de concebir para las mujeres con problemas de fertilidad uterina.

Se había intentado en otros países

Se conocen al menos diez casos de trasplantes de útero de donantes fallecidas en EEUU, República Checa y Turquía, pero tras ninguno de ellos nació un niño vivo.

En esta ocasión, según recoge la publicación médica The Lancet, en septiembre de 2016, una mujer de 32 años con ausencia uterina congénita (síndrome de Mayer-Rokitansky-Küster-Hauser) se sometió a un trasplante uterino en el Hospital de Clínicas, Universidad de São Paulo, Brasil.

En la operación, que duró más 10 horas, se le implantó a la receptora el órgano donado y se le conectó a sus venas, arterias, ligamentos y canales vaginales. Siete meses después, y sin haberse producido rechazo, la mujer tuvo la menstruación.

El embarazo se produjo después de la primera transferencia de un solo embrión lo que dio lugar a un embarazo sin complicaciones.

A las 35 semanas y tres días, nació por cesárea una niña que pesó dos kilos y medio.

El primer parto que se produjo a partir de trasplante uterino de un donante vivo tuvo lugar en Suecia en el 2013 y también se publicó en ‘The Lancet’.

Sin duda, es un hito en la historia de reproducción que aunque con polémica, abre la posibilidad a que muchas mujeres con infertilidad uterina, por defectos congénitos o a quienes se les haya extirpado el útero, puedan concebir y dar a luz a un bebé.

Dilema ético

Hasta hoy se han intentado 39 trasplantes entre personas vivas de los cuales solo en 11 ocasiones han nacidos bebés sanos. La mayoría de las veces, las donantes son madres, hermanas o amigas íntimas de las receptoras, con lo que la disponibilidad de órganos es muy limitada.

“Se trata de un logro técnico que es muy cuestionable desde el punto de vista ético”, según ha declarado Beatriz Domínguez-Gil, directora de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) a El País. En 2016 se estudió realizar este tipo de transplantes pero se descartó por el alto riesgo que presentan para la madre y el embrión. “Los riesgos que asume la madre y el impacto en el feto no compensan el objetivo final de concebir un bebé y además existen alternativas viables, como la adopción”, explica.

Por otro lado, están quienes lo consideran un gran avance médico del que podrían beneficiarse un número importante de mujeres. Como cada vez que se realiza un procedimiento de este tipo por primera vez, el trasplante de útero procedente de una mujer fallecida plantea un nuevo debate ético en la sociedad. ¿Vosotros qué opináis?

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